[art_1] El Salvador: Óscar Romero - Crónica de una muerte anunciada
In memoriam del Mártir de San Salvador

De simpatizante del "Opus Dei" al rebelde tímido
"Teníamos desaliento por la mala noticia, pero tomamos la decisión de mandarle cartas....Diciéndole que declarara al lado de quién estaba: ¿Cuál es su mensaje Monseñor Romero? Quisiéramos saber si usted viene por los ricos o por nosotros los pobres..." Ésa era la primera reacción de Moisés Calles, líder católico de una organización de campesinos, al recibir la noticia de que Óscar Arnulfo Romero había sido nombrado como nuevo Arzobispo de San Salvador el día 10 de febrero de 1977. Las reacciones de todos los clérigos y obispos progresistas e izquierdistas en el pequeño país centroamericano El Salvador al nombramiento de Romero para ocupar la sede arzobispal de la capital eran similares, mostrando todos los matices entre preocupación y consternación desorientada. Es que Romero era conocido como un conservador opuesto a las resoluciones de la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín (1968), caracterizadas por la urgente petición de reformas sociales. Muchos también le tomaban por un simpatizante de la secta reaccionaria del "Opus Dei." Un Jesuita, quien había conocido a Romero antes de que asumiera la responsabilidad del arzobispado, lo describía como "muy tímido y silencioso".

Muchos se acordaron que en 1972, cinco años antes de llegar a ejercer la máxima autoridad eclesiástica en su país, Romero había justificado la violenta desocupación de la Universidad mandada por el Coronel Molina como "restitución del orden". Así que nadie se asombró de que la oligarquía de El Salvador, sobre todo los latifundistas, aclamaron el nombramiento de Romero y le invitaron aún con más frecuencia para tomar cafecito con pastelitos en las terrazas de sus haciendas. Los terratenientes seguían pensando que el nuevo arzobispo estaba de su lado, que iba a apoyar la derecha, es decir el poder. Pero se equivocaron totalmente...

Óscar Arnulfo Romero:
Semanas antes de su asesinato. 1980

Romero apenas tuvo tiempo para acostumbrarse a su nueva esfera de acción, porque inmediatamente después de su nombramiento se precipitaron los acontecimientos políticos. El día 26 de febrero de 1977, el General Carlos Romero (lejos de ser un pariente del nuevo arzobispo) fue "elegido" como nuevo Presidente de la República El Salvador. Naturalmente, no se trataba de una elección democráticamente legitimada, sino de una maniobra organizada por la oligarquía. Los protestas contra ese fraude electoral estaban programados y el día 28 de febrero de 1977, el Ejército salvadoreño abrió fuego contra los manifestantes, provocando una masacre con más de cien muertos en la Plaza de la Libertad en el centro de la capital. Romero apenas condenó ese acto violento cometido por las fuerzas armadas del Estado, por ello muchos le acusaron de ser cobarde o un aliado de la oligarquía. Sin embargo, el arzobispo era de origen bastante modesto. Nunca había sido tan conservador como parecía, más bien era apolítico y cándido, por el largo tiempo pasado en Roma durante sus estudios se había alejado de las condiciones de vida de su rebaño, simplemente desconocía la vida dura de los campesinos sin tierra, desconocía la realidad cotidiana de su país.

Un día después de la masacre, rodeado de un caos violento, mientras que cientos de ciudadanos salvadoreños "desaparecieron", Romero se reunió con un grupo de párrocos, amigos suyos, para discutir unas cuestiones teológicas y el "peligro del avance del protestantismo en el país". De repente, Rutilio Grande, quizás el más izquierdista del grupo, se levanta diciendo: "¡Se acabó! ¡Yo creo que hoy no es día, hay cosas más importantes!" Un par de días más tarde, el 12 de marzo de 1977, el párroco Rutilio Grande, muy querido y popular en su pobre comunidad Aguilares, fue asesinado a tiros junto a dos acompañantes en una carretera cerca de Los Mangos. Ese asesinato, cometido por el comandante Juan Garay Flores - como se sabía más tarde - y pagado por la oligarquía salvadoreña, causó un cambio radical en la actitud de Romero. Todas las víctimas sin nombre del terror tolerado o incluso organizado por el Estado, es decir por miembros del gobierno o sus familiares, habían sido demasiado anónimos para él, quizás había pensado que todas las historias de muertos y desaparecidos eran exageradas. Pero ante el cadáver de su amigo, ese terror se hizo de repente muy concreto, la violencia ya no era una quimera, sino invadió también su vida - como la de la mayoría de sus compatriotas. .

Civiles huyendo

La reacción del Arzobispo de San Salvador fue tan consecuente como innovador. Romero proclamó algo increíble como acción de protesta: hoy lo llamaríamos una "huelga eclesiástica". La idea que motivó esa decisión polémica era la siguiente: ¡Si asesinan mis curas, no habrá misa en todo el país! Tan sólo una, exclusivamente en memoria de Rutilio Grande, la famosa "Misa Única" , anunciada para el Domingo, día 20 de Marzo de 1977 en la Catedral de San Salvador. Los ricos magnates del café los que normalmente - por obvias razones - prefirieron escuchar la misa celebrada por un cura del "Opus Dei", también tenían que desplazarse a la Catedral para recibir la sagrada comunión aquel domingo. La "Misa Única" para todo el país en la gran plaza delante de la Catedral también constituyó indirectamente una provocación política, ya que significaba una contravención al estado de sitio declarado por el gobierno que prohibió manifestaciones públicas. Para completar la "huelga de la Iglesia", Romero mandó que a partir del 20 de Marzo, todos los colegios católicos cerraran por tres días - también un símbolo de protesta contra el asesinato de Rutilio Grande. Según las palabras del Arzobispo quería demostrar a toda la nación: "El que toca a uno de mis sacerdotes a mí me toca."

En seguida comenzaron para Romero los conflictos con el Vaticano. El nuncio apostólico de la Santa Sede, Emmanuele Gerada, se sintió molestado en su cómodo acuerdo con los poderosos y criticó duramente al Arzobispo. Esa "huelga de la Iglesia" sería contra los principios del derecho canónico y no se podría justificar de ningún modo, dijo el nuncio. Después de una discusión apasionada en la nunciatura del Vaticano, durante el camino de regreso Romero, desilusionado, dijo a su acompañante: "Éstos son como los del Opus (Dei) - ¡no entienden!"

Con su decisión de llevar a cabo la huelga eclesiástica de tres días como expresión de protesta pacífica, el Arzobispo muestra por primera vez gran atrevimiento, porque sabía que luego no sólo habría conflictos cada vez más abiertos entre la Iglesia salvadoreña y el gobierno del país, sino también abundantes problemas con el Vaticano.

El terror sembrado por los escuadrones de la muerte que en muchos casos fueron pagados y organizados por miembros del gobierno salvadoreño ya era tan grande, que más de una empresa de pompas fúnebres se negó por temor a fabricar un ataúd para Rutilio Grande. Finalmente encontraron una funeraria valiente que hizo el ataúd para el mártir del pueblo. Unos cien mil fieles participaron en la Misa Única aquel Domingo 20 de Marzo, que a la vez se convirtió en una manifestación contra el terror de los escuadrones de la muerte y los asesinatos de sacerdotes izquierdistas (Rutilio Grande sólo fue una de muchas víctimas).

Desde aquel momento, los ricos terratenientes, temiendo por sus privilegios, empezaron lentamente a conjurarse contra Romero a quien consideraban "de repente infectado por el comunismo". Ya no había duda de que el Arzobispo iba a emplear su autoridad para declararse a favor de los pobres y apoyar a los "curas de campesinos" . Así que su propiedad y su poder estaban en peligro. La oligarquía, sobre todo las famosas "Catorce Familias", que desde siglos explotaron sus latifundios y siempre tomaron el país más pequeño del continente americano por su propiedad privada, comenzó a financiar caricaturas y artículos Anti-Romero en los diarios y revistas de El Salvador. Al mismo tiempo, el príncipe de la Iglesia salvadoreña va pronunciando homilías dominicales cuyas palabras - difundidas por la emisora católica YSAX - atacan cada vez más abiertamente la injusticia social y el terror causado por los escuadrones de la muerte, organizados y financiados por los terratenientes e incluso por miembros del gobierno.

La Voz de la Verdad se hace pública
Muchos curas de campesinos y jesuitas, pastores que predicaban en iglesias modestas y apartadas en lugares del campo y de la montaña, donde también dirigían escuelas para los niños de jornaleros, invitaron al Arzobispo a visitar sus comunidades de base. Después de haber visto con sus propios ojos la urgencia de los problemas existenciales de los campesinos sin tierra, Romero empieza a interesarse de repente por la idea de una reforma agraria. Manda una delegación de curas al nuncio del Vaticano, para explicarle los motivos y objetivos de las organizaciones - ilegales y perseguidas - de los campesinos, como las FECCAS, para lograr que comprendiera un poco de la problemática. Pero el Embajador de la Santa Sede prefirió quedarse en su cómodo palacio y recibir los regalitos de la oliqarquía del país. Después de una discusión tan viva como breve, la delegación mandada por Romero tenía que abandonar la nunciatura. Las puertas de la residencia arzobispal se abrieron para acoger a los perseguidos que huyeron escondiéndose de los escuadrones de la muerte, sobre todo grupos de mujeres y niños de los campesinos organizados ilegalmente buscaron el amparo de Romero.

Mayor Roberto D`Aubuisson

En esa situación aparece la figura siniestra del oficial Roberto D`Aubuisson. Recién regresado de Washington donde había participado junto a otros militares salvadoreños en una formación militar muy especial dirigida por la CIA, estaba dispuesto a aplicar todo lo aprendido. Se convirtió en uno de los fundadores del partido político militarista ARENA, cuyo objetivo principal era la conservación del poder y de la propiedad de la oligarquía a cualquier precio - y la caza de "comunistas". Según las palabras de su propia hermana valiente Marisa, la que no perdió su alma como él, D`Aubuisson empezó a propagar el eslogan perverso "¡Haga Patria - mate un cura!" En un programa de la televisión nacional, D`Aubuisson presenta fotos de "comunistas vestidos de curas" , llamando a su persecución. A finales del año 1977, la secretaria del Arzobispo encuentra las primeras cartas conminatorias que amenazaban con asesinarle a Romero en el buzón. Más tarde se descubrió una lista con nombres de "curas de Moscú" que serían eliminados, elaborada por D`Aubuisson. El nombre que encabezó aquella lista siniestra fue el de - Romero.

Entretanto, la homilía dominical de Romero se había convertido en la emisión radiofónica más escuchada de Centroamérica. Todo el país de El Salvador escuchaba su voz, la que de modo cada vez más decicido ataca las violaciones de los derechos humanos y la persecución de la oposición. Sus palabras condenaban claramente las acciones del ejército y de las autoridades judiciales y su implicación en las "acciones depuradoras" de los escuadrones de la muerte. Sus homilías que a veces duraban una hora y media, se iban convirtiendo en las noticias inoficiales del país, por las que los habitantes de El Salvador llegaron a saber lo que omitieron las noticias de la censurada televisión nacional. Romero pasó la lista de los asesinados y desaparecidos a los que el gobierno y los medios nacionales de comunicación ya echaban tierra. Pronto el pueblo le dió el apodo de "periodista de los pobres". El Arzobispo se había convertido en un poderoso intercesor de los perseguidos. Por ello, la Universidad de los Jesuitas de Georgetown (Washington) le otorgó el día 14 de febrero de 1978 la dignidad de doctor honoris causa. En el mismo año, propusieron Romero para el Premio Nobel de la Paz (sin embargo, aquél año fue otorgado a la Madre Teresa de Calcuta).

El 16 de octubre de 1978, el Cardenal polaco Karol Wojtila fue elegido como nuevo Papa. A principios de mayo de 1979, Romero le escribe una larga carta bien confidencial al nuevo Papa Juan Pablo II., explicándole la situación desesperada de su país y pidiéndole el favor de una urgente audiencia privada. Además, en su carta, el Arzobispo de San Salvador critica la ayuda militar de los EE UU y la actitud pasiva y arrogante del Nuncio del Vaticano en su país. Esa carta provoca una intriga tan misteriosa como escandalosa: del Vaticano mandan por fax una copia de ese mensaje confidencial de Romero "para fines de información" directamente a la Embajada de los Estados Unidos en El Salvador. Hasta hoy día no se sabe con total certeza quién había mandado esa copia desde el centro del poder de la Iglesia católica a la potencia mundial (¡protestante!) de los EE UU. Romero se entera de esa traición y pregunta desengañado a uno de su equipo: "Pero entonces - ¡¿Roma de qué lado está?!"

Para aclarar aquella pregunta fundamental, decide viajar a Roma. A pesar de que tuviera una fecha para una audiencia, durante varios días un grupo de obscuros cardenales de curia le entretiene con vanas promesas. Finalmente, su paciencia se acaba y entra en una audiencia pública llena de gente. Consigue acercarse al Santo Padre para rogarle de nuevo de concederle una audiencia privada, ahora con éxito. Durante el encuentro, Romero entrega al Papa una documentación que demuestra el terror contra la Iglesia en El Salvador, enseñándole fotos de curas torturados y asesinados. El Papa apenas reacciona, tan sólo le advierte que "debería esforzarse para lograr una mejor relación con el gobierno de su país". Romero se atreve a replicar que ese gobierno nunca fue elegido verdaderamente por el pueblo. Tampoco por ése argumento Wojtila se deja impresionar, ya que para él, viniendo de Polonia, una dictadura comunista, cualquier sospecha de "tendencias marxistas" era la imaginación más apocalíptica. Así que no se podía esperar respaldo por la Santa Sede. Todavía durante su vuelo de regreso, al esperar su vuelo de enlace en Madrid, Romero llegó a saber la noticia de la masacre en la plaza delante de la Catedral de San Salvador. Guardias y policías, representando el gobierno con el que Romero "debería ccoperar" según la opinión del Pontífice de Roma, habían atacado sin piedad a manifestantes allí reunidos: 23 muertos, más de 70 heridos. Pero esta vez la masacre fue filmada por cámaras de emisoras extranjeras y sus imágenes dieron la vuelta al mundo.

Las "14 Familias" celebran su asesinato
"¡Ay, gracias a Dios...Es que dijeron por radio que usted había tenido un accidente en la carretera y que estaba muerto!" Las monjas del pequeño hospital para enfermos de cáncer se acercaron al recién llegado Romero y entre irritación y alivio le contaron que la emisora nacional, tan sólo hacía media hora, había difundido la noticia de la muerte del Arzobispo Romero en un accidente de tráfico. Claro que un par de horas más tarde, en las próximas noticias tenían que corregirse, mientras que Romero estaba tomando café con las monjitas. Pero los autores de la falsa noticia habían logrado, aunque fuera sólo por una hora, sembrar el terror...

A finales de julio de 1979, después de la victoria de la Revolución Sandinista en la cercana Nicaragua, la situación en El Salvador se radicalizó dramáticamente. El entrenamiento de los escuadrones de la muerte se intensificó, la ayuda militar por parte de los EE UU se multiplicó y la CIA y el gobierno de Washington decidieron realizar una lista maniobra. Como en tantas otras situaciones similares, la política exterior de los EE UU organizó un cambio fingido, una "rebelión" de jóvenes oficiales del ejército en contra del Jefe del estado, General Romero. Los jóvenes "rebeldes" formaron una nueva Junta, prometiendo uns sinfín de maravillas: una reforma agraria, elecciones libres y una investigación de todas las violaciones de los derechos del hombre. El Ministerio de Asuntos Exteriores de los Estados Unidos felicita al pueblo de El Salvador por su nuevo gobierno (nacido por la gracia de los EE UU).

Arzobispo Romero, durante un breve período de tiempo, llamó la gente a la cooperación con el nuevo gobierno, creyendo en sus buenas intenciones. Pero pronto reconoció su error, ante las noticias de nuevas masacres cometidas por los escuadrones de la muerte y cientos desaparecidos de la oposición. El día 29 de octubre de 1979 aconteció una matanza con ochenta víctimas en pleno centro de la capital que abrió los ojos a todos los que habían pensado que algo iba a cambiar bajo el nuevo gobierno. El domingo siguiente, en su homilía, Romero exigió que la nueva "ayuda militar" de los EE UU debería ser rechazada y que todos los militares deberían abandonar el gobierno salvadoreño, especialmente pidió la destitución del temido General García.

Unas semanas más tarde, el Arzobispo visitó la comunidad apartada de San Miguel y los habitantes, a pesar de su pobreza, organizaron una acogida tan triunfal que Romero dijo que se sentía como Jesús durante su entrada en Jerusalén. Pero como sabemos, después de la entrada triunfal en Jerusalén llegó pronto la muerte...

El día 18 de febrero de 1980, una fuerte explosión causó el derrumbamiento del edificio que albergaba la emisora católica YSAX. Quedó muda la Voz de la Verdad - hasta el 23 de marzo de 1980. Aquél último domingo de la cuaresma, cuando todo el país estaba escuchando su homilía, Romero invita a todos los soldados y policías de El Salvador a la desobedencia civil - deberían negarse a disparar a su propio pueblo, ya que la ley divina "¡No matarás!" está por encima de una orden militar. Puede que ésa homilía haya sido su sentencia de muerte.

Entierro de Monseñor Romero

Éra la tarde del 24 de marzo, poco después de las 18.00 horas, cuando el Arzobispo estaba celebrando la misa en la capilla del hospitalito, de repente entró el asesino desalmado mandado por el diabólico D´Aubuisson y se oyó un tiro. Murió como mártir de la Iglesia.

Dos horas después de que la noticia de la muerte de Romero alcanzara Washington, una comisión del Congreso de los EE UU decidió un aumento considerable de la "ayuda militar" para El Salvador. El triste "éxito" de esa medida era sembrar violencia duradera y lograr una militarización de la juventud salvadoreña a largo plazo.

Tres horas después del asesinato del Arzobispo, la mayoría de los miembros (aunque no todos) de las famosas "Catorce Familias" se reunieron en el Palacio de la Hacienda de San Benito para celebrar una fiesta con champán y bailando de alegría hasta la madrugada. Así festejaban la muerte de su enemigo más peligroso, del vicario de Cristo en el país que lleva su nombre: "El Salvador".

Una interpretación muy extraña de Cristianismo vive la oligarquía en el País del Salvador. Algunos de ellos incluso habrán visitado la misa por la mañana del mismo día - preferentemente celebrada por un cura de la secta del Opus Dei.

En la Plaza delante de la Catedral unos 250.000 fieles se reunieron para celebrar el enterramiento del mártir Óscar Romero, quien probablemente nunca será canonizado, sólo porque sus seguidores no podrán pagar tanto dinero como pagó el Opus Dei para la "canonización" de Balaguer quien de santo no tneía nada.

Ataque al entierro de Monseñor Romero. 1980

Ni siquiera podían celebrar la Misa de Réquiem para Romero en paz. Durante la homilía pronunciada por el Arzobispo de México, unos emboscados que probablemente pertenecieron a la Guardia Nacional, abrieron indiscriminadamente el fuego, disparando desde los techos a la muchedumbre que ocupaba la plaza y causando así pánico catastrófico. El número de muertos queda incierta, miles de personas se refugiaron en la Catedral, arzobispos al lado de jornaleros, muertos cayendo entre vivos, hubo tal caos que el Réquiem para Romero no pudo ser terminado en condiciones. La violencia en su país, contra la que siempre había predicado, le persiguió hasta después de su muerte.

El regalo más precioso que "el País del Salvador" podría dar póstumamente a su hijo más universal sería la abolición de sus fuerzas armadas. Pues ¿para qué necesita el país más pequeño de América continental un ejército - o sea para la opresión de su población en el nombre de las "Catorce Familias"? Es muy recomendable para El Salvador seguir el ejemplo de Costa Rica y abolir sus fuerzas armadas, que constituyen un lujo caro y supérfluo para el presupuesto nacional. Así como Romero mismo lo había pedido en uno de sus últimas homílias : "La mejor medicina para este país va a ser la desmilitarización..."

Texto: Berthold Volberg
Fotos: Museo de la Palabra y la Imagen

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*Todas las citas en este artículo son tomados del magnífico libro "Monseñor Romero - Piezas para un Retrato" de María López Vigil que recomendamos enfáticamente. Esta biografía de Romero consiste de unos doscientos testimonios de contemporáneos y por ello logra tanta autenticidad.